El emprendedor de 27 años que se hizo millonario

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Anton Ivanov no es el millonario promedio. Para comenzar, apenas tiene 27 años, no trabaja en Silicon Valley y no es heredero de una fortuna familiar. No vive en una casa diminuta ni tampoco obtiene su comida de un jardín de residuos orgánicos en su patio.
Ivanov, quien comparte consejos para acumular riqueza en su blog, Financessful.com, ganó su millón de dólares a la antigua: leyó muchos libros, y ahorró desde joven y de forma frecuente. Y comenzó a planear su ascenso a un estatus de millonario antes de que la mayoría de los chicos de su edad tuvieran licencia para conducir.

“Creo firmemente que si quieres algo con muchas ganas y no dejas de trabajar para lograrlo… llegarás ahí cuando quieras hacerlo”, dice. “Fueron mis hábitos y mis principios los que me hicieron rico”.

Esta es la forma en que lo hizo.

Comenzó joven

Hace una década, Ivanov era como cualquier otro adolescente en Estados Unidos. Iba a la preparatoria, sacaba buenas calificaciones y tenía un trabajo de medio tiempo en Subway donde ganaba el salario mínimo. Sus padres, quienes habían traído a su familia de Rusia, su país natal, en el 2002, trabajaban de tiempo completo –su madre como abogada y su padre como contador. Llevaban una vida moderada de clase media en los suburbios de San Diego.

Pero Ivanov se dio cuenta desde muy joven que había algo diferente en sus vecinos –todos parecían ser mucho más ricos que su familia. Sus padres gastaban mucho y sentían una profunda desconfianza de los servicios financieros. Ivanov no podía culparlos –se habían mudado a E.U. apenas unos años después de haber vivido una de las peores depresiones en la historia de Rusia. Pero al mismo tiempo, él sentía que se estaba perdiendo de algo.

“En la preparatoria, básicamente no daban ninguna educación financiera y mis padres no me hablaban de dinero”, dice. “Todo lo que aprendí de dinero tuve que aprenderlo por mí mismo”.

Así que devoró libros sobre cómo acumular riqueza. Uno de sus primeros favoritos fue “Piense y Hágase Rico”, un clásico de Napoleon Hill publicado en 1937, que detalla estrategias que pueden ser usadas para superar las barreras psicológicas en torno a la riqueza.

“Ese libro me influyó enormemente”, dice Ivanov. “No era un libro de ‘cómo volverse rico’ pero me dio una visión y un sistema mental que podía usar para lograr básicamente cualquier cosa que quisiera”.
A los 16 años, tenía un solo objetivo en mente: convertirse en millonario.

¿Universidad o carrera?

Anton abrió una cuenta de ahorros en un banco de su localidad y ahí depositó el 100% de su salario en Subway en el transcurso de tres años. Para cuando se graduó de preparatoria, había ahorrado casi $10,000 dólares. Pudo haber usado ese efectivo para cubrir parte de su matrícula universitaria, pero sabía que no sería suficiente para cubrir todos sus gastos. Y tampoco le agradaba mucho la idea de pedir decenas de miles de dólares en préstamos estudiantiles para cubrir la diferencia.

“Mi familia realmente no estaba preparada para pagarme la universidad, así que yo sabía que tendría que depender de por lo menos algunos préstamos estudiantiles para salir adelante, a lo cual me oponía”, dice.

Él tenía otras ideas para iniciar su carrera. Mientras sus amigos se inscribían a clases en la universidad, Ivanov celebró su cumpleaños número 18 abriendo su primera cuenta individual de jubilación Roth IRA. Después de trabajar un tiempo (principalmente en puestos administrativos cerca de casa), decidió enlistarse en la Marina de Estados Unidos a los 20 años. Ganaba $55,000 dólares al año como técnico de electrónica y tomaba clases de educación a distancia para obtener una licenciatura en tecnología de la información y programación. El Tío Sam pagaba la cuenta de su matrícula y colegiatura.

“Cuando comparaba (ir a la universidad) con unirme al Ejército, la segunda opción parecía una idea más inteligente porque estaría percibiendo ingreso desde el primer momento en lugar de esperar hasta graduarme”, dice. “Y podía recibir una educación básicamente gratis, tal como sucedió”.

El inversionista ‘perezoso’

Después de que Ivanov comenzó a realizar las aportaciones máximas permitidas a su cuenta Roth IRA (el límite para las aportaciones anuales es de $5,500 dólares), abrió una pequeña cuenta de corretaje con TradeKing. Años de cuidadosa investigación lo convencieron de que elegir acciones no era lo suyo. Su estrategia de inversión era simple: concentrarse en fondos de inversión con anualidades baratas que cubrieran una diversidad de clases importantes de activos y dejar que el mercado hiciera su trabajo.

“Es lo que llamaría una cartera perezosa”, dice. Después de investigar, Ivanov decidió invertir en siete clases de activos: fondos nacionales, fondos de alta, mediana y baja capitalización, fondos de mercados emergentes, fondos de cobertura con inversión en materias primas, y una pequeña cantidad destinada a bonos. Entonces, no volvió a tocarla. Reequilibra su cartera una vez al año, cuando mucho.

Después de un par de años en la Marina, Ivanov enfrentó su primera prueba de confianza como inversionista aficionado. Al ahorrar el 60% de su ingreso en la Marina y hacer otros trabajos como freelancer, había estado invirtiendo entre $40,000 y $45,000 por año cuando ocurrió la crisis financiera en el 2008.

Dice que perdió “una cantidad importante”, pero cuando el mercado se desplomó, no vendió como hicieron muchos otros inversionistas. “No me di por vencido y cuando el mercado tocó fondo, es cuando intenté ahorrar e invertir todavía más. Para mí, era algo obvio”, dice.

Sumamente influido por libros como “The Millionaire Real Estate Investor” y “El Millonario de Al Lado”, Ivanov sabía que quería comenzar a invertir en bienes raíces. El momento que eligió no pudo haber sido mejor. La burbuja prácticamente había convertido el mercado de la vivienda en el anuncio de ofertas más grande del mundo.

En el 2009, Ivanov dio un enganche de $80,000 dólares para un condominio de $400,000 en San Diego, el cual renta por $36,000 al año (le quedan casi $12,000 al año después de hacer los pagos para la hipoteca). Actualmente, calcula que el valor de su propiedad está muy por encima de los $600,000 dólares.

Desde entonces, Ivanov ha añadido otra propiedad a su imperio inmobiliario en ciernes. Compró un dúplex de $430,000 dólares a principios de este año. Cobra $21,000 de renta (y se queda con una ganancia de $12,000 después de cubrir la hipoteca), al alquilar uno de los departamentos, mientras que él y su prometida viven en el otro.

“Creo en correr riesgos pequeños”, ice. “Si ves una oportunidad y piensas que es buena, deberías tomarla y comprender que podrías estar equivocado y entender cuáles podrían ser las repercusiones”.
Ivanov espera tener al menos 10 propiedades cuando llegue a los 40 años, pero no tiene prisa. Después de cubrir todos sus gastos de vivienda, destina todo su ingreso –obtenido de la renta de sus propiedades, su empleo y su trabajo como freelancer– a su cuenta de jubilación, su cuenta de ahorros para emergencias y su cuenta de corretaje sujeta a impuestos, en ese orden. Una vez que cumple con todos sus pendientes, realiza aportaciones a otra cuenta de ahorros de alto rendimiento, que tiene apartada para compras inmobiliarias futuras. Pueden ver el desglose de todos los activos de Ivanov aquí, o darle un vistazo a la gráfica que aparece abajo.

No complica las cosas

Comprometerse a ahorrar el 60% de su ingreso no fue una hazaña fácil para Ivanov. El estadounidense promedio ahorra apenas poco más del 5% de su ingreso por año.
Ivanov cree firmemente en una estrategia básica de ahorro: automatizar todo y nunca depender del crédito.

“El día en que me depositan mi salario, ni siquiera veo ese dinero”, dice. “Entra y sale de mi cuenta, lo cual me mantiene honesto y en la ruta correcta”.

El fondo de emergencia que ha conservado prudentemente desde sus días en Subway también le ha resultado útil. Cuando su padre y su madre fallecieron inesperadamente hace unos años, pudo depender de ese dinero para pagar su boleto de avión y cubrir los gastos funerarios.

Afortunadamente, la vida en el Ejército fue el ambiente perfecto para una persona soltera que buscaba ahorrar. La mayor parte de sus gastos fijos –vivienda, alimentos, transporte y seguros de protección– estaban cubiertos. Estableció transferencias automáticas para sus y cuentas de ahorro e inversiones y se adhirió a una estricta agenda. Primero, realizaba las aportaciones máximas permitidas por año a su cuenta de jubilación Roth IRA. Luego, realizaba las aportaciones anuales máximas permitidas a su cuenta Thrift Savings Plan (la versión de las cuentas de jubilación 401[k] de los empleados federales). Dividía el saldo restante entre su cuenta de corretaje y el fondo de ahorros que está juntando para futuras inversiones inmobiliarias.

Mientras estudiaba, ganaba dinero extra realizando trabajos de diseño y programación que conseguía a través de sitios para freelancers en internet como elance.com y odesk.com. Calcula que estos trabajos adicionales le agregaban entre $15,000 y $20,000 dólares a su ingreso anual.

“Definitivamente estar en el Ejército ayudó mucho, pero también tenía una perspectiva madura sobre la vida”, indica. “Comprar cosas caras no me divierte. Me di cuenta de que esas cosas en realidad no me hacen feliz”.

Su llegada a la marca del millón de dólares

Ivanov dejó la Marina en el 2013, pero incluso después de regresar a San Diego, continuó llevando un estilo de vida austero. Ávido de aumentar sus inversiones, su prioridad era incrementar su ingreso y consiguió un empleo de tiempo completo como desarrollador de software e ingeniero de pruebas. Al combinar eso con su trabajo como freelancer, que continúa haciendo en su tiempo libre, gana poco menos de $100,000 dólares al año (sin incluir sus ingresos por la renta de sus propiedades) y aún así ahorra al menos la mitad de su ingreso neto.

Todos sus gastos –desde la membresía a un gimnasio hasta su futura boda en el 2016– están planeados y contemplados en sus ahorros por adelantado. Su régimen de planeación detallada es, señala, la clave de su éxito hasta el momento.

“Generalmente, al iniciar el año visualizo mi vida durante los siguientes dos a cinco años y la planeo”, explica. “Escribo cualquier gasto que tenga que no podré cubrir con mi sueldo y calculo cuánto necesito ahorrar cada mes para cumplir con esas metas antes de mi fecha límite”.

Ivanov ya alcanzó la marca del valor neto de un millón de dólares poco antes de cumplir 27 años, en junio de este año. Le entusiasma haber logrado por fin ese objetivo –pero no le sorprende.

“Si tienes un deseo realmente fuerte en tu mente, puedes persistir para superar cualquier obstáculo que puedas enfrentar”, dice. “Lo creía sinceramente cuando tenía 16 años y lo creo ahora”.

 

 

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